Mónica Gana (ADS’99) electa entre las “50 Genias del Año 2025”: lleva más de 20 años acompañando a niños con enfermedades graves
Por Tomás Meller
A la cabeza de la Fundación Casa Familia, que también cuenta con Casa de Luz, Mónica Gana, alumni de Administración de Servicios de la Universidad de los Andes, recibió el reconocimiento de Genias.cl en la premiación “50 Genias del Año 2025” en la categoría “Inspira y Transforma”, debido a su destacado liderazgo en esta iniciativa social.
“Siento que somos todos genios los que trabajamos en esta fundación”, afirma Mónica al referirse al reconocimiento recibido, destacando que, aunque los aplausos se los lleve ella por ser la cabeza, el trabajo es colectivo. “No me siento para nada como que es solo mío, sino que es de todo el equipo”, señala. Explica también que en la institución trabaja principalmente un grupo de mujeres y que el premio representa a quienes sostienen el proyecto día a día.
La historia de la fundación está marcada por una experiencia personal. Durante su infancia y adolescencia, Mónica convivió con el cáncer dentro de su familia. Su hermana y su padre debieron viajar a Estados Unidos para recibir tratamientos, lo que implicó largos períodos de separación. “Toda mi infancia y adolescencia siempre hubo alguien con cáncer en mi familia”, relata, agregando que eso hizo que su vida “no fuera común y corriente”.
Tras su paso por la Universidad de los Andes, Mónica buscó trabajar en fundaciones relacionadas con el cáncer infantil, pero luego, junto a su madre comenzó a vincularse con el Hospital Calvo Mackenna, donde detectaron la falta de una casa de acogida para las familias. Con el apoyo de su abuelo, quien facilitó una casa en Ñuñoa, comenzó la fundación.
Actualmente, la organización cuenta con dos casas. Una acoge a niños oncológicos junto a un cuidador, pudiendo recibir hasta 30 niños. La segunda, Casa de Luz, recibe a niños con enfermedades graves que se encuentran en cuidados paliativos, junto a su grupo familiar, con capacidad para 36 personas.
Entre los principales desafíos, menciona el crecimiento de la fundación. “Partimos mi mamá y yo solas, voluntariamente, y hoy tenemos un equipo de 30 personas”, señala.
Sobre su formación, Mónica destaca que en la Universidad aprendió a ser sistemática y a “hacer las cosas bien”. Explica que ese aprendizaje se refleja en el estándar de la fundación y en la dignidad con la que se acoge a las familias. “En ambas casas yo estaría con un hijo mío”, afirma, subrayando que no se entrega algo básico.
Finalmente, al dirigirse a estudiantes que buscan generar impacto social, señala que los proyectos bien hechos encuentran financiamiento y que existe una responsabilidad de generar impacto desde el lugar en que cada uno esté. “Tenemos la obligación, por la educación que recibimos, de generar un impacto en nuestro país”, concluye.
