De Ingeniería Comercial a una vida de servicio: la historia del Padre Pablo Siu (ICOM'98) en esta Navidad
Por Tomás Meller
El recorrido del P. Pablo Siu Fabry, alumni de Ingeniería Comercial de la Universidad de los Andes, refleja cómo una vocación puede tomar un rumbo profundo y sorprendente.
Tras terminar su carrera y pasar por un proceso personal de discernimiento, decidió dedicar su vida al sacerdocio. Hoy ejerce su labor pastoral en La Pintana, en medio de una realidad social desafiante, donde el acompañamiento cercano y cotidiano se vuelve esencial.
Al mirar sus años en la Universidad, destaca que su formación no solo fue académica, sino también humana. Recuerda que la necesidad de compatibilizar distintas áreas de la vida lo ayudó a desarrollar una estructura y un orden mental que hoy aplica en su misión.
Entre los valores que más agradece está el sentido del trabajo bien hecho y del servicio desde lo cotidiano. Recuerda con claridad cómo la Universidad transmitía, incluso mediante cosas simples, una forma de comprender el compromiso: “las salas limpias, los horarios que se cumplen, las pruebas que se dan cuando están fijadas, las entregas de notas en el plazo establecido”. Para él, esos gestos formaron una manera de estar al servicio de los demás. “Hacer mi trabajo bien, con espíritu de servicio, dándome a los demás, eso ya en sí mismo es muy grande”.
En su parroquia, esta visión se ha vuelto clave. Ha visto que la coherencia diaria es más elocuente que cualquier discurso y que la vida de personas comunes tiene un poder transformador. “El ejemplo tiene un poder enorme. Estudiantes como cualquiera, trabajadores como cualquiera, padres de familia como cualquiera, te muestran esto con la vida”. Esa convicción sostiene su misión en La Pintana, donde la constancia, la escucha y la cercanía se vuelven caminos concretos de esperanza.
De cara a la Navidad, el P. Pablo comparte un mensaje que nace desde su propia experiencia pastoral y también “en la línea de lo que nos dice el Papa León XIV en su carta Dilexi te”. Señala que este tiempo invita a reflexionar sobre la posición de cada uno respecto de quienes lo rodean, a “volcarnos más en los demás” y a descubrir la alegría que nace del encuentro auténtico. Recuerda que en Navidad abundan los gestos de regalar y tener detalles, pero subraya que lo importante es que detrás de ese presente haya una verdadera entrega personal: “No solamente dar algo, sino darse a sí mismo”.
En ese sentido, destaca que Jesús mismo es el modelo. “El Señor nos trae la gran alegría de su presencia en el mundo, pero no viene con ningún presente; Él mismo es el regalo”. Por eso, insiste en que un obsequio puede volverse “muy frío” si no va acompañado del cariño, la disponibilidad y la presencia real frente al otro: estar, acompañar y que el otro sepa que “aquí estoy si me necesitas”.
Su historia muestra cómo la formación universitaria sigue dando frutos muchos años después, abriendo caminos distintos, pero igualmente orientados al bien común. Hoy, desde su labor en La Pintana, continúa viviendo los valores que recibió como estudiante, reafirmando que la educación integral prepara no solo para ejercer una profesión, sino también para contribuir a una sociedad más humana y solidaria.
